"Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe." Mateo 8:9-10

MATEO 8:5-13, LUCAS 7:1-10

Solamente hay dos cosas en toda la Escritura que causó que Jesús se maravillara. Fueron (1) la fe del centurión y (2) la incredulidad de los judíos (Mc. 6:6). Una fe que hizo que Jesús; el cual es el Autor y Consumador de nuestra fe, se maravillara, vale la pena examinarse. Este centurión creyó que la palabra hablada de Jesús era suficiente para producir su milagro. No necesitaba que Jesús fuera a su casa. Él tenía fe en la palabra de Jesús. Por lo tanto, podemos ver que la persona que simplemente cree en la Palabra de Dios escrita, está operando en una forma de fe mucho más grande que aquellos que requieren pruebas de ella. ¡Compara esta fe del centurion con la "pequeña" fe de Tomás en Juan 20:24-29!

Tomás se rehusó a creer no que no podía ver o sentir. Nuestros cinco sentidos nos fueron dados por Dios y son necesarios para funcionar en esta vida. Pero si no renovamos nuestras mentes al reconocer los límites de los cinco sentidos, nos impedirán creer. La fe puede percibir las cosas que los sentidos no pueden (He. 11:1).

El tipo de fe en el que opera Tomás, era una fe humana o natural que estaba basada en lo que él podía ver. Jesús dijo que había una mayor bendición por alcanzar. La mayor bendición proviene de usar la fe sobrenatural como la de Dios que está basada sólo en la Palabra de Dios. 

Jesús y la Palabra de Dios son uno solo (Jn 1:1, 14). Creer en la Palabra de Dios no se trata de poner tu confianza en algunas palabras impresas en las páginas de un libro llamado la Biblia. Implica mucho más. Es una relación con una persona, la persona detrás de esas palabras. Conócelo a través de Su Palabra.

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