"Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados." Marcos 2:5

MATEO 9: 1-8, MARCOS 2: 1-12, LUCAS 5: 17-26

La fe se puede ver. Así como Jesús se lo explicó a Nicodemo en Juan 3:8, la fe es como el viento. La fe por sí sola es invisible, pero una fe que se atenúa siempre está acompañada de acciones pertinentes, la cuales se pueden ver (Stg. 2:17-26).

No fue sólo la fe del paralítico que Jesús vio, sino también la de sus cuatro amigos (Mc. 2:3). Esto demuestra el efecto de nuestra intercesión en fe que puede impactar sobre otros. Jesús vio la fe de ellos. Sin embargo, aunque nuestra fe desatada en otros es poderosa, no es un sustituto de su propia fe. Es sencillamente una ayuda. La persona quien ha de recibir el milagro, debe tener un grado de fe también. Incluso Jesús no pudo producir sanidad en aquellos que no creyeron (Mc. 6:5-6). En este ejemplo, es evidente que el paralítico mismo también tenía fe, porque no se resistía a estos cuatro que lo trajeron; y se paró y obedeció la instrucción de Jesús (v. 7) sin tener que ser ayudado. 

¿Por qué Jesús ministró el perdón de pecados a este hombre en vez de suplir la obvia necesidad que tenía de ser sanado? Dios está más interesado en la sanidad espiritual de un hombre que en su salud física. O, Jesús, por medio de una palabra de conocimiento, pudo haber percibido que el verdadero clamor del corazón de este hombre, era ser reconciliado con Dios. En algunos casos (no todos - Jn. 9:2-3), la enfermedad era un resultado directo del pecado. Por lo tanto, Jesús trató con la mismísima raíz de la parálisis. Fuera o no, que esta parálisis fuera un resultado directo del pecado, el pecado en nuestra vida (que no ha sido personado) permitirá que Satanás nos mantenga en esclavitud. Por medio de la acción de Jesús al perdonar los pecados de este hombre, el paralítico fue libre para recibir todas las bendiciones de Dios, las cuales por supuesto, incluían la sanidad. 

El punto que Jesús está haciendo, es que ambos, tanto el perdón de pecados y la sanidad del paralítico, son humanamente imposibles. Si Jesús podía hacer una de estas cosas, podía hacer la otra también. Entonces Él sanó al paralítico, mostrando que también era verdad, que tenía la autoridad para perdonar pecados. En el tiempo de Jesús, la gente estaba más inclinada a aceptar Su voluntad para sanar que para aceptar Su perdón por lo pecados sin estos guardar la Ley. Hoy en día, el mundo de la iglesia, básicamente acepta el perdón de pecados, pero duda de Su voluntad para sanar. Nunca se tuvo la intención de separar lo uno de lo otro.  Cree y recibe todo lo que Dios tiene para ti hoy. 

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