Cuando, pues, el Señor entendió que los fariseos habían oído decir: Jesús hace y bautiza más discípulos que Juan... Salió de Judea..." Juan 4:1,3

Mt. 4:12; Mc. 1:14; Jn. 4:1-3

Este es un pasaje interesante de la Escritura. Aparentemente, podría parecer que Jesús estaba huyendo de una pelea. Ahora que Juan el Bautista fuera de cuadro (había sido encarcelado), era inevitable que los fariseos atacaran a Jesús. 

Una cosa de la que podemos estar seguros es que no había temor en nuestro Señor. En otra ocasión, Él demostró que nadie podía hacer nada que Él no permitiera (Lc. 4:29-30; Jn. 7:30, 44-46; 8:20, 59; 10:39).

Por lo tanto, podemos asumir que Jesús se fue porque Él sabía que era la voluntad de Dios. En otra ocasión, cuando Sus medios hermanos lo desafiaron a ir a Jerusalén y confrontar a los fariseos, Él les dijo que aún no era Su tiempo de ir (Jn. 7:1-6). Un hombre con menos carácter hubiera sido intimidado a mostrarse superior.

Jesús fue la persona más abnegada que alguna vez caminara sobre la Tierra. Él no vino a la Tierra por Sus intereses, sino por nosotros. Si Él se hubiera defendido a sí mismo, nosotros nunca habríamos sido salvos. Seguramente la humildad de Jesús fue interpretada como debilidad, pero en realidad fue amor. No amor por Sí mismo, si no amor por un mundo en decadencia, del cual Él era la única esperanza. 

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