Escuchamos muchísima enseñanza acerca de los horrores de la Ley y cuán destructiva es para el hombre, pero, ¿estamos omitiendo algo? ¿Dios declararía algo que fuera en contra de Su naturaleza? Entiendo que cuando la Ley entra en contacto con la carne, no hay remedio. Entiendo que nadie puede guardar la Ley, y entiendo que hemos sido redimidos de la maldición de la Ley. (La maldición era que el hombre no podría guardarla, por lo tanto es muerte).

Sin embargo, ¿cuál es el fundamento para la Ley de Dios? Relajémonos por un momento y consideremos lo siguiente: 

¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello. (Mt. 23:23)

Jesús declaró que la justicia, la misericordia y la fe eran las verdaderas motivaciones detrás de la Ley. Las obras de la Ley eran secundarias.

Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas. (Mt. 22:37-40)

Amar a Dios y amar a tu prójimo eran los propósitos claves de la Ley.

Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios. (Miqueas 6:8)

Justicia, misericordia y humildad delante de Dios eran los resultados de la Ley. 

¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna manera.  (Ro. 7:7)

La Ley no era pecado, ni tampoco producía pecado.

De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno.  (Rom. 7:12)

La Ley es santa, justa y buena. Esto es contrario a mucha de la enseñanza popular de hoy en día, pero debemos ser certeros en nuestra evaluación de la Ley de Dios. La Ley no es nuestro problema. La carne es nuestro problema. 

 Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado. (Ro. 7:14)

Ahora, el conflicto se esclarece. El pecado en la carne es alérgico a la Ley de Dios de amor, justicia, misericordia, humildad y fe. Lo que es espiritual, santo, justo y bueno, sólo puede revelar la debilidad de la carne y mortalidad humana. 

¿Luego la ley es contraria a las promesas de Dios? En ninguna manera. (Ga. 3:21)

La Ley no es contraria a las promesas del Evangelio. De hecho, revela a Jesús y a Sus promesas.

David declaró:

Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley. (Sal. 119:18)
Mejor me es la ley de tu boca que millares de oro y plata. (Sal. 119:72)
Tu justicia es justicia eterna, y tu ley la verdad. (Sal. 119:142)
Mucha paz tienen los que aman tu ley, y no hay para ellos tropiezo. (Sal. 119:165)

Por eso es que Pablo declaró: "y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redarg:uir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra."  (2 Ti. 3:15-17)

Busca la justicia de Dios, la misericordia y la fe en Su Ley la cual es Verdad. ¡Encontrarás a Jesús!

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