"Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe." Juan 3:30

JUAN 3:22-36

Juan el Bautista había pasado 30 años en preparación para su ministerio. Él no disfrutó los privilegios normales de la niñez o adolescencia. En lugar de eso él vivió en los desiertos apartado para Dios (Lc. 1:80).

Por aproximadamente seis meses, él disfrutó el éxito en su ministerio como ningún otro hombre antes. Comenzó predicando en el desierto - no en los central comerciales. Aún así, las multitudes lo seguían. Se convirtió en el hombre más influyente en Israel e incluso afectó los corazones de gobernantes romanos. Todo iba a la manera de Juan. 

Después él bautizó a Jesús y proclamó que Él era el Mesías esperado por mucho tiempo (Mt. 3:13-17; Jn. 1:29). Desde ese momento, las multitudes que alguna vez siguieron a Juan, comenzaron a seguir a Jesús en grandes cantidades (Jn. 3:26). Sus discípulos lo dejaron para seguir a Jesús  (Jn. 1:36-37). Esto destruiría a la mayoría de los hombres. 

Sin embargo, cuando se le preguntó de esta cuestión, Juan respondió, "Es necesario que Él crezca para que yo mengüe." Seguramente esta es una de las características que hizo de Juan el Bautista el mayor de todos los profetas del Antiguo Testamento (Mt. 11:11). Después Jesús reveló que "el que sea mayor de ustedes, sea su siervo" (Mt. 23:11). Juan es uno de los mayores ejemplos de humildad en la Biblia. "La honra comienza con la humildad" (Pr. 18:12).

 

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