"Y la que cayó entre las espinas, éstos son los que oyeron; mas yéndose, son ahogados de los cuidados y de las riquezas y de los pasatiempos de la vida, y no llevan fruto a perfección." Lucas 8:14 (JBS)

LUCAS 8:5-14

Este tercer tipo de tierra es característico de una gran parte del Cuerpo de Cristo hoy en día. Estas son personas quienes ha recibido la Palabra de Dios, se han comprometido a ella al grado de que son capaces de mantenerse fieles en la persecución, pero debido a estar ocupados con los afanes de esta vida, la Palabra que está sembrada en sus corazones es ahogada y no se produce fruto. Así como hacen las hierbas en un jardín; que se roban todos los nutrientes y privan a la planta de alimento, es como lo hacen los placeres de esta vida, si les permitimos dominar nuestro pensamiento, detendrán el fruto que la Palabra habría de producir.

A través de la historia, la Iglesia siempre ha crecido en tamaño y fortaleza durante la persecución. Esto es porque durante la persecución rectificamos nuestras prioridades. Nos damos cuenta que nuestra vida es en Jesús (Jn. 14:6) y no en las cosas (Lc. 12:15), y enfocamos toda nuestra atención en el Señor. Sin embargo, la prosperidad ha sido mucho más perjudicial para el Cuerpo de Cristo por la misma exacta razón que se habla aquí en este versículo. Dios quiere bendecir a Sus hijos con cosas (Sal. 35:27; Mt. 6:33), pero una preocupación por estas, ahogarán la Palabra de Dios y la harán infructuosa. Si siguiéramos la fórmula para la prosperidad de Dios, que se encuentra en Mateo 6:19-34, veríamos como la Palabra produce fruto y disfrutaríamos las bendiciones físicas de esta vida también. 

Observa que Jesús dijo que no se llevó fruto a la perfección en Lucas 8:14. Este tipo de persona manifestará algo de fruto, pero siempre será pequeño y muy corto de lo que debería ser. ¿Te sientes frustrado porque estás sólo sobreviviendo y en realidad no estás experimentando la vida abundante que Jesús vino a dar? (Jn. 10:10) Examina tu estilo de vida y ve si los afanes de esta vida, el engaño de las riquezas o los placeres de esta vida podrían estar ahogando la Palabra de Dios. 

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