"Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados." Mateo 5:6

MATEO 5:1-9

En el mundo natural, la gente come incluso cuando no tiene hambre. Muchos de nosotros lo podemos probar al ponernos de lado y vernos frente al espejo. Pero en el plano espiritual, sólo aquellos que tienen hambre pueden ser saciados. Una de las peores cosas que nos puede suceder, es la complacencia espiritual. 

Estar hambriento por las cosas de Dios, es una de las mejores cosas que nos pueden pasar. La mayoría de las personas no se sienten de esa manera. Prefieren tener la sensación de estar llenos. Pero Jesús nos prometió que la plenitud viene después de tener hambre. Sin hambre, no hay plenitud.

Por lo tanto, lo que mucha gente detesta es de hecho una señal de salud espiritual. Anhelar más de Dios es una buena señal. Nadie tiene hambre por Dios por sí mismos. Esa no es la naturaleza del hombre. Ningún hombre tiene hambre por Dios, a menos que el Espíritu de Dios lo esté atrayendo  (Jn. 6:44).

Tener hambre por Dios, no hace que Dios se mueva en nuestras vidas, pero sí es una señal de que Dios ya está obrando en nosotros. Debemos orar y alabar a Dios por hambre espiritual y por ser alentados. Él no nos hace estar hambrientos y luego nos deja morir de hambre. Él lo hace para llenarnos con Sus bendiciones y amor. Necesitamos un hambre que nunca sea saciada hasta las bodas del Cordero. 

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