"De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él." Mateo 11:11

MATEO 11:2-19, LUCAS 7:18-35

Gran parte del Antiguo Testamento trata con acontecimientos futuros y con la venida del Mesías y Su Reino. Juan el Bautista no sólo era la voz de Dios a su generación, también era el cumplimiento de la profecía del Antiguo Testamento. No profetizó meramente acerca del Mesías y del Nuevo Pacto como lo hicieron los profetas del Antiguo Testamento, sino que en realidad preparó el camino para que los corazones de la gente recibieran a Jesús al dar testimonio de la Luz. 

Aunque Juan el Bautista fue el mayor de los profetas del Antiguo Testamento, no fue una "nueva criatura en Cristo" que haya nacido de nuevo. Cuando Jesús resucitó de la muerte, nos dio la capacidad de "nacer en el Espíritu" y volvernos hijos de Dios, y herederos de Dios, y co-herederos con Cristo. Se nos dio la capacidad ser "partícipes de la naturaleza divina" y con pleno derecho de ser hijos de Dios. Juan operó bajo el Antiguo Pacto en el cual ninguna de sus promesas tenían aún efecto. Jesus estableció un nuevo orden, "el Reino de Dios," en el cual estas promesas se volvieron efectivas. Dios veía a Juan y a todos los profetas del Antiguo Testamento a través de la Ley.

El nuevo nacimiento es esencial para entrar en el Reino de Dios. Nuestro hombre espiritual murió ante (separó de) Dios por medio del pecado. Así como nosotros no llevamos a cabo nuestro nacimiento físico, no podemos producir este nacimiento espiritual. Somos completamente incapaces de salvarnos a nosotros mismos; por lo tanto, necesitamos un Salvador. Simplemente creemos en el Señor Jesucristo y somos salvos.

La salvación no es una reformación, sino una regeneración, un nuevo nacimiento, un nueva creación, que solo puede lograrse por el milagro creativo del Espíritu Santo. Debido al nuevo nacimiento, Él nos ve a través de Jesús. ¡Celebra la Vida!

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