"Jesús le dijo: Ve, tu hijo vive. Y el hombre creyó la palabra que Jesús le dijo, y se fue." Juan 4:50

JUAN 4:46-54

Jesús no tuvo que tocar al niño. No tuvo que enviar nada a casa con el padre para realizar la sanidad. Todo lo que Él hizo fue hablar y el hijo fue sanado instantáneamente  (v. 53).

Este hombre había viajado por más de veinticuatro kilómetros desde Capernaum hasta Caná para encontrar a Jesús. Por lo tanto, el hijo no estaba lo suficientemente cerca para que las palabras de Jesús despertaran algún tipo de esperanza en su corazón, y como resultado, desatar el poder de Dios. No, la Palabra hablada de Jesús tuvo tanto poder que no hubo barreras (tales como el tiempo o espacio) que pudieran detenerlo de ninguna manera. 

Esto es difícil de comprender para nosotros. Nos pasamos la vida entera aprendiendo de las  limitaciones físicas y adaptándonos a ellas. Pero no hay límites para el poder la de Palabra de Dios. Jesus creó todo en este universo físico por Sus palabras, y esa creación ha de responder a todo lo que Él diga. 

El Señor dio Su Palabra a los judíos, pero ellos no la creyeron. Hebreos 4:2 dice, "...pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron." A nosotros también se nos han dado las palabras de Dios también, en la Biblia. Si habláramos la Palabra de Dios en fe, obtendríamos los mismos resultados que Jesús tuvo aquí. 

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