¿Qué tan frecuente hemos escuchado a cristianos hablar acerca de romper con las maldiciones generacionales? Mucho de lo que se ha enseñado en este tema, raspa en la incredulidad. Los creyentes no están entrando o entendiendo las realidades de la obra terminada en la cruz. La gente no está siendo derrotada en la vida debido a estar maldecido tanto como están pereciendo debido a su falta de conocimiento del Señor. 

Por esto dijo Jesús, "Vayan y enseñen" y no dijo, "Vayan y rompan maldiciones." Es la Verdad la que nos hace libres, no lo hace ningún tipo de sesión de liberación mística.

¡Jesús ya fue hecho maldición por nosotros y ya nos ha bendecido. (Gal. 3:13)! Y, aún más, Dios estaba en Cristo, reconciliando al mundo entero con Él, no tomando en cuenta las transgresiones del hombre en su contra (2 Co. 5:19). ¡Dios no está tomando en cuenta los pecados o maldiciones en contra de nadie! 

A lo que comúnmente se le refieren a maldiciones generacionales hoy en día, en realidad no son más que las obras de la carne enlistadas en Gálatas 5:19-21. Somos el producto de nuestra sociedad caída; cultura, religiones falsas, costumbres y moralidad, enseñadas a nosotros por nuestras familias y tendencias que hemos aprendido de otros. Si los padres fueron alcohólicos, puede que haya una tendencia para que los hijos adopten el mismo comportamiento, pero muchos hijos no lo hacen así. Si el enojo y la ira eran parte del ambiente familiar, las mismas tendencias pueden ser puestas sobre los hogares de los hijos cuando sean adultos, pero en muchos casos, esas tendencias son rechazadas. 

Mientras que algunos le llaman a esto, maldiciones generacionales, nosotros debemos verlas como fortalezas que deben ser derribadas al renovar el entendimiento. 

“Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo." (2 Co 10:4-5)

Como hijos e hijas de Dios nacidos de nuevo, estamos equipados para derrotar las obras de la carne por el Espíritu, y lavar nuestra mentes de los patrones del pasado. Es nuestras decisión voluntaria de los caminos, palabras, pensamientos y acciones de Dios, que han de reemplazar las fortalezas del pasado. Al pasar el tiempo, nuevos patrones del Espíritu son establecidos y podemos caminar libres del las ataduras del pasado. 

Los versículos del Antiguo Testamento que se refieren a las maldiciones generacionales, fueron hablados a Israel mientras aún estaban bajo la Ley, y hacía referencia a lo que les pasaría a aquellos que Lo aborrecían (ver Dt. 5:8-10). Lo que podemos concluir de estos versículos, es que Dios había hecho una declaración en relación a las consecuencias del pecado sobre las generaciones futuras "de los que me aborrecen" bajo la Ley. ¡Esto no tiene nada que ver con los creyentes que son nuevas criaturas! 

“El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo.” (Col. 1:13)

¡En el Reino de Dios no hay maldiciones. Sólo promesas que son "sí" y "amén"!

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